El día que leí a Birmajer

Marcelo-Birmajer

Me costaba mucho engancharme con los libros que obligatoriamente teníamos que leer en las clases de literatura durante la escuela secundaria. Yo era un apasionado por la lectura y siempre estaba buscando un nuevo libro para descubrir, pero en cada ocasión en la que alguna profesora nos mandaba a leer un clásico de la literatura, no lograba engancharme por completo con él y aunque siempre lo leía, no llegaba a disfrutarlo. Esto fue así hasta el día en que Verónica Denmon se presentó frente a la clase.

Verónica era una profesora joven, hablaba con un lenguaje muy parecido al nuestro y masticaba chicle con la boca abierta, lo que la ponía casi a nuestra altura. No fue una profesora revolucionaria, de esas que en solo un año cambian la vida de sus alumnos para siempre, pero todavía conservaba esa frescura de las personas que aún no han sido vencidas por el sistema y lograba transmitir el entusiasmo que sentía por la materia que dictaba.

Uno de los primsecundarioeros libros que tuvimos que leer durante ese año fue Un Crimen Secundario, de Marcelo Birmajer. Una historia corta, entretenida, sencilla, escrita para adolescentes y protagonizada por dos de ellos: Aslamín y Tonigni, quienes además de enfrentarse a las complejas dificultades de la adolescencia, se ven involucrados en una trama policial que tendrán que resolver casi sin ayuda.

Los problemas cotidianos de los protagonistas, el lenguaje utilizado por el autor para los diálogos y la sencillez de la historia, me permitieron sentirme absolutamente identificado con ellos, como si todo lo que a ellos les pasaba, pudiera llegar a pasarme a mí en cualquier momento. Fue por eso que lo leí apasionadamente y que lo terminé en tiempo record. Incluso recuerdo que algunos compañeros míos, muy poco habituados a la lectura, también disfrutaron al conocer las aventuras narradas por Birmajer.

Aprobé el examen con una nota mediocre, como durante toda la secundaria, y le pedí autorización a la profesora para leer otros libros de la misma colección publicitados en las solapas de Un Crimen Secundario. Esos títulos eran Derrotado Por Un Muerto, también de Birmajer y Astronauta Solo, de Pablo De Santis. Libro y autor al que le dedicare un artículo aparte.

Derrotado Por Un Muerto era la continuación de Un Crimen Secundario y aunque no estaba a la altura del primero, me resultó placentero leer nuevas historias protagonizadas por los mismos personajes pero más grandes. Es cierto que no necesitaba autorización para leer un libro, pero a esa edad resultaba conveniente que el esfuerzo y la voluntad de hacerlo, no pasaran desapercibidos para la profesora y que tuvieran impacto inmediato en mis calificaciones.

Marcelo Birmajer fue el primer autor del que leí dos libros seguidos y estaba a un pasito de convertirse en uno de mis autores favoritos. Algo que sucedió cuando de casualidad, tuve en mis manos un ejemplar de La Máquina que Nunca se Apagaba. Ese día, Birmajer se ganó un lugar privilegiado en mi biblioteca de adolescente y luego, en la de adulto, porque todavía me faltaba descubrir que también escribía “libros para grandes”. Desde entonces intento no perderme nada de lo que hace Birmajer, ya sea una nueva novela como El Club de las Necrológicas, los artículos que publica en la sección Se Me Hace Cuento de Clarín, o las notas eventuales como la que escribió para la revista Orsai, en la que narra un día de trabajo.

trabajo

Desconozco si alguno de mis compañeros de escuela experimentó las mismas sensaciones que yo al leer ese libro, pero lo cierto es que Birmajer fue una de las tantas ventanas por las que la literatura llegó a mí. Ventana que fue abierta por aquella profesora de segundo año, que se preocupó por encontrar una lectura que incentivara a sus alumnos a leer y a disfrutar de hacerlo. Algo que logró con éxito en muchos de nosotros y en especial en mí, ya que de no haber sido por ella, sería muy poco probable que yo escribiera esta nota, hablando de un autor al que nunca leí.

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