El Juego de la Asfixia

Juego Asfixia

Por Noelia Fuertes

Se ha vuelto nuevamente noticia en los medios de comunicación la práctica denominada “juego de la asfixia“, (shocking game), “juego de la muerte” o del “desmayo” que, realizaron jóvenes adolescentes en la escuela secundaria “Corveta Uruguay” de Pinamar.

Juego Asfixia

Dicha práctica suele estar ligada a la búsqueda de emociones y conductas de riesgo, a través de la cual los participantes suelen intentar obtener una sensación de euforia al privar de oxígeno temporalmente al cerebro. La misma conlleva graves riesgos para la salud desde un simple desmayo y convulsiones, como el caso del alumno de Pinamar, hasta severos daños neurológicos o la propia muerte.

Me pregunto si dicha práctica se la puede pensar como aquella que viene a producir un incremento de las sensaciones, quizás como un intento de restituir el vacío de representación que resulta insoportable de sostener; y también como cierta dificultad para asumir el proceso y deseo de crecer, puesto de relieve en el momento de la pubertad y adolescencia.

Considerando las palabras de María Graciela Manrique en Impasses en el trabajo de lo puberal y sus consecuencias psicopatológicas, podemos decir que la pubertad es un momento de crisis en el proceso de escrituración subjetiva y como tal, plantea al púber un conflicto a resolver, reinscribir su cuerpo genitalizado y restablecer el balance narcisista. Este conflicto implica hacer el duelo por la pérdida del cuerpo infantil y de los padres infantiles, que fueron el apuntalamiento narcisista que lo acompaño a lo largo de su vida hasta el momento. Es un momento de ensimismamiento y cierta tristeza, acompañado de fenómenos proyectivos y de desplazamiento que ayudan a la elaboración de la angustia que aparece.

PubertadMientras tanto, la relación con los padres pasa a ser conflictiva. El púber requiere de ellos de otra manera, con una presencia ausentada, dado que la presencia física, el cuerpo a cuerpo con un púber despierta rápidamente fantasías incestuosas. El puber necesita ser acompañado, a distancia, necesita que su mirada le confirme que es el mismo pero que está cambiando. Esto implica, desde los padres, todo un trabajo de reacomodación respecto del hijo.

Manrique se pregunta, qué pasa cuando el yo de ese puber y/o la posibilidad de acompañar ese proceso por parte de los padres, se quiebran frente a este trabajo psíquico que debe realizarse en este momento. Según la autora, Gutton habla de una fractura de la historia. Algo de toda esta recomposición que debe realizarse en este momento no puede llevarse a cabo, se da un rechazo de lo puberal en la edad de la adolescencia. La nueva identidad genital y la representación de su objeto se borran, recusadas por un trabajo psíquico orientado a preservar lo infantil. El adolescente puede tomar una actitud taciturna, se encierra en sí mismo, evitando toda injerencia de cualquier objeto externo, ya que todos le producen desconfianza. Más que mostrar temor muestra una actitud de desinterés. En algunos casos, esto lleva a una desintrincación pulsional que rompe esos momentos de ensimismamientos mediante “pasajes al acto” o “descargas pulsionales compulsivas” en las que el adolescente generalmente se pone en riesgo.

El cuerpo mismo es proyectado como un objeto amenazador y el yo utiliza frente a él las mismas estrategias que ante cualquier otra amenaza externa. De esta manera, pueden observarse conductas de destrucción autodestructivas (tentativas de suicidio, victimización del cuerpo), de neutralización (masturbación compulsiva, enfermedades psicosomáticas), dismorfias (trabajos de lo negativo que aparecen en la gestualidad) o la construcción de un contra-cuerpo (obesidad o delgadez extremas, atuendo unisex)

En relación a esto, Juan Carlos Fernández en “Toxicomanías” va a plantear que, la adolescencia es denominada por Gutton como confusión de lenguas, etapa caracterizada fundamentalmente por la pobreza, ausencia o escasez de representaciones tiempo, donde existe una “propensión a la actuación”. Se tratan de etapas en las que “se buscan situaciones de riesgo” ligadas a la inscripción originaria de cuerpo. En relación a lo trabajado por Piera Auglanier (donde el placer se atribuye a la zona y queda ligado a las sensaciones), la experiencia de riesgo puede generar la sensación de que estando solo se puede generar el placer, fallando el recurso de apelación al otro.

Según el autor, Gutton plantea el “Aburrimiento” como una categoría donde hay ausencia de representaciones, predominancia de “sensaciones de vacío”, el cual no se puede llenar, se produce ese no se qué, el cual inhibe el proceso de continuidad de crecer, enmarcado en el proceso de cambio. Categoría que también está presente en los chicos. Qué puedo hacer que estoy aburrido, ahí hay un llamado al otro para que preste algo de su atención, para que provea algunos elementos, para que done representaciones. Pero si el otro no está, yo no puedo generar nada. Ante la sensación de vacío y la experiencia de aburrimiento, surge el acto de producirse marcas en el cuerpo pero fallidamente, que lo que hacen es sustituir el encuentro intersubjetivo. En vez de buscar el concurso del otro, a fin de realizar la experiencia, se desconoce la participación del otro.

La mejor manera de ilustrar lo que venimos describiendo es compartir con todos ustedes el trailer de la película “El Juego de la Asfixia” (The Chocking Game – 2014), a través de la cual se pone de manifiesto la conflictiva de una adolescente por querer encajar en su grupo de pares. El querer ser como los demás y obtener su aceptación, la llevará a practicar dicho juego, enfrentándose a una realidad y efectos del mismo que ella misma desconocía.

Noelia Fuertes es Licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires (M.N. 56065). Se desempeñó como maestra integradora en instituciones educativas y como coordinadora de sala en el Centro Educativo TerapéuticoMi Lugar“. En la actualidad, además de atender pacientes de manera particular, se desempeña por segundo año consecutivo, como psicóloga del Equipo de Salud Escolar en el Hospital Gral. De Agudos Parmeño Piñero; realiza el taller-seminario “Psicodrama Analítico” en la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupos (AAPPG); lleva a cabo la pasantía “Consultoría Psicológica en la escuela Ramón Falcón” en donde atiende a adolescentes que cursan la educación media e integra la Red de Psicólogos con Orientación PsicoanalíticaEntrelazando“.

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