La “Biblia” de las relaciones públicas – Como Ganar Amigos, de Dale Carnegie

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Era verano y yo caminaba despreocupadamente por la galería Broadway de Mar del Plata, ubicada sobre la peatonal San Martín, justo al lado de una gran casa de video juegos que, al igual que dicha galería,  ya no existe. Durante aquellos años, mis vacaciones, eran algo bastante diferente a lo que son ahora.

Allí, en Mar del Plata, vivían mi tía y mi abuela, lo que me permitía permanecer en la costa desde el primer día sin clases hasta el día anterior a que volvieran a comenzar y cada día, acompañaba a mi abuela o a mi tía a sus largas jornadas laborales vinculadas con el turismo.

Caminaba entonces por la peatonal y había entrado en la galería para comprar alguno de los libros que tenía planeado leer durante esos meses, aunque terminé llevando un título bastante diferente a todos los que tenía pensados.

Desde su vieja portada en completo color azul, acompañada de un título demasiado largo y que a simple vista no tenía nada de comercial, la foto de una persona que, evidentemente, habría muerto hacía años, me miraba directamente a los ojos. Al verlo, suspendí la búsqueda de inmediato, lo compré y me fui directamente a casa para comenzar con una lectura que me intrigaba mucho.

COMO GANAR AMIGOS E INFLUIR SOBRE LAS PERSONAS, era el enorme título que se adueñaba de la tapa y del que varias personas me habían hablado como “la biblia” de las relaciones públicas. Yo apenas había terminado la secundaria y no tenía pensado estudiar nada que tuviera que ver con ese sendero pero me apasionaba lo que era el trato con las personas con un fin determinado.

Es decir, en esa época ya era un ermitaño como lo soy ahora y trataba de no hablar con nadie a menos que tuviera una razón para hacerlo, por lo que siempre estaba en busca de herramientas que me permitieran no ser un improvisado a la hora de mantener una conversación para alcanzar un objetivo. Además, una de las personas que más me había hablado de ese libro era mi profesor de artes marciales, con quien pasaba mucho tiempo hablando sobre las mejores maneras de pararme frente a mi clase y de motivar tanto a padres como a alumnos, en la práctica de dicho deporte. Según él, bastaba con leer ese libro para tener una gran idea sobre cómo llevar adelante una conversación y relacionarse con otras personas en un ámbito relativamente profesional.

El libro es una de esas guías que —gracias a Dios— tanto les gusta escribir a los norteamericanos. Es habitual encontrarse con libros o artículos del tipo “Diez Pasos Para Dejar de Fumar”, u “Ocho cosas para cambiar tu vida”, o “cinco ideas para dejar de ser un imbécil”. Su extensa lista de best sellers está repleta de títulos de ese tipo y sus autores son considerados líderes y personalidades importantes en el área en el que se especializan, muy al contrario de nuestro país, en donde aquellos autores que deciden escribir algo por el estilo son considerados —en más de una ocasión, con justificada razón— chantas y caraduras.

Aunque ambos tipos de literatura se encuentran íntimamente ligados, en este caso no me refiero a libros de autoayuda sino de superación personal. De libros que generalmente se manejan en un ámbito empresarial y que ofrecen una guía de acciones concretas con las que se puede llegar a obtener un resultado, siempre y cuando estas acciones se pongan en práctica. Son cosas concretas y tangibles, como levantarse temprano cada día, hacer diez minutos de ejercicio antes de irse a dormir, o ahorrar el diez por ciento de tu sueldo cada mes. Pasos concretos con los que puede notarse, casi de inmediato, una diferencia entre quien los lleve a cabo y quién no.

Así fue como comenzó esa gran aventura literaria, completamente distinta a cualquier otra que haya tenido, tanto por ser el primer libro de ese tipo que leía, como por la época de mi vida en la que lo estaba haciendo: apenas egresado de la secundaria, sin ningún rumbo universitario o laboral claro para perseguir y con la cabeza fresca y despreocupada como para asimilar cualquier idea e implementarla de manera inmediata y eficaz.

Tal como expuse antes, el libro es una guía clara con pasos a seguir para alcanzar un objetivo. ¿Cuál sería ese objetivo? En una venta, vender; en una discusión, llegar a un acuerdo; en una entrevista laboral, causar una buena impresión, o convencer, en una relación estrictamente laboral o profesional.

Cualquier conversación que llevemos a cabo tiene un fin determinado. Incluso la conversación sobre el clima que todos mantenemos en el ascensor, tiene como finalidad alivianar la incomodidad de estar encerrado en un cubículo con una persona prácticamente desconocida, y es de eso sobre lo que trata el libro. De estar preparado para llevar adelante cualquiera de estas conversaciones.

En ese contexto, el libro cuenta anécdotas, experiencias personales del autor junto a las de otras personas, que constituyen la guía final con las nueve reglas que, en teoría, cualquier persona que se considere líder, debe seguir para convertirse en tal. Las reglas están desarrolladas con ejemplos prácticos y demostraciones sobre cuál es el resultado de implementarlas o no y, en mi experiencia personal, he comprobado cuanto se puede mejorar la relación con el resto del mundo, ya sean familiares, amigos o desconocidos, haciendo que estos sencillos pasos se conviertan en tu manera de ser.

No por egoísmo o interés, como malinterpretan algunos, sino por intentar siempre transformarse en una persona mejor y chocar con la menor cantidad de paredes posible a lo largo de la vida. Al momento de haber descubierto ese libro me sentí un afortunado porque creí tener el mundo en mis manos. Estaba seguro de que, siguiendo esas pautas, era posible lograr cualquier cosa que me propusiera a través del diálogo y en varias ocasiones comprobé que estaba en lo cierto.

Lo implementé con mis alumnos y sus padres durante aquellos jóvenes años dando clases de artes marciales en diferentes puntos de la provincia de Buenos Aires; también cuando no me quedó otra opción más que la de madurar y conseguir trabajo y apliqué las diferentes reglas del libro en cada una de las entrevistas laborales a las que me tuve que presentar. Tal vez por haber leído el libro, o porque es un don y una maldición que traigo desde la cuna, siempre me ha tocado trabajar en ventas, y gracias a la experiencia de haber implementado el libro en mi propia vida, nunca tuve demasiados inconvenientes para cumplir con la tarea y los objetivos de un vendedor.

Pero no solamente en el ámbito profesional sirve este libro. Con mayor dificultad, también puede aplicarse en el plano afectivo o familiar. Sus bases sirven para generar relaciones equilibradas y sin conflictos. Tal vez éste sea el entorno más complicado para implementarlo ya que los sentimientos involucrados, suelen afectar el estado mental en el que uno debería actuar para poder llevar a cabo lo aprendido, pero vale la pena intentarlo. Aplicar lo aprendido para hablar con los hijos, puede maximizar aún más la experiencia de este libro y, principalmente, facilitar la difícil tarea de construir una relación de confianza con ellos cuando comienzan a crecer.

Antes de concluir con la enfática recomendación de leer este libro quiero volver a resaltar que no se trata de actuar para, como pregona el título, “influir sobre las personas” sino de modificar la experiencia de comunicarse con el resto del mundo. No es una cuestión de interés en que los demás hagan lo que nosotros queremos ni de “egoísmo” para intentar agradarles a los demás. Muy por el contrario, es un recorrido introspectivo para mejorar nuestra propia forma de ser y ayudar, de esa manera, a que el resto del mundo no choque de manera constante contra nosotros.

No debe haber nada más complejo en este planeta que las relaciones humanas en cualquier nivel en el que éstas se den, pero tengan la seguridad de que son mucho más difíciles de llevar a cabo cuando no se cuenta con las herramientas adecuadas y este libro es una de las mejores que se pueden encontrar para hacer más sencillo el contacto con el resto del mundo. Lo descubrí cuando era apenas un joven, durante aquella despreocupada caminata por la peatonal de mi ciudad balnearia favorito y lo sigo descubriendo hoy en día, cuando la vida se ha puesto bastante más compleja de lo que alguna vez pude llegar a imaginar.

Es por eso que, aunque nunca he vuelto a leer el libro en su totalidad, cada tanto vuelvo a tomar este viejo ejemplar de mi biblioteca para repasar el resumen final y mantener frescas esas nueve reglas que cualquier persona que habita el planeta tierra debería conocer para hacer más llevadero el contacto con el resto de la raza humana.

 

Por Leandro Menéndez (@ajenoaltiempo)

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