La mejor película de artes marciales de todos los tiempos

best of the best

Tenemos un concepto equivocado en cuanto a películas de artes marciales se refiere. Solemos encasillar en ese género a cualquier película en la que un héroe solitario se enfrente a los villanos tirando patadas. Chuck Norris, Van Damme y Steven Seagal, son algunos de los mejores exponentes de películas de acción en las que las artes marciales tienen un gran protagonismo, pero ese tipo de cine simplemente es cine de acción.

Cuando hablo de artes marciales, me refiero a películas deportivas que muestren la esencia de esta actividad. Lo importante de la competencia, la disciplina y la autosuperación. Mencionaré dos a modo de ejemplo: Retroceder, nunca. Rendirse, jamás, en la que un joven aprendiz es entrenado por el fantasma de Bruce Lee para derrotar a un villano interpretado por Van Damme y Karate Kid, en la que el débil e inseguro Ralph Macchio es entrenado por Pat Morita para competir contra artistas marciales mejor preparados que él.

Jean Claude Van Damme en Retroceder Nunca, Rendirse Jamás

Jean Claude Van Damme en Retroceder Nunca, Rendirse Jamás

Estos dos largometrajes son grandes ejemplos de películas marcialistas. La disciplina en el entrenamiento es fundamental, el corazón y la autosuperación, también. Pero existe una película, no tan recordada como estas, que las supera ampliamente. Su  nombre en inglés: Best of the best.

best

Conocida como Lo Mejor de lo Mejor en latinoamérica y Campeón de Campeones en Europa, esta película está protagonizada por un joven y apuesto Eric Roberts (hermano de Julia, padre de Emma) cuando todavía pintaba para galán y comienza mostrando la vida de Alex Grady (Roberts), soldador en una fábrica de autos, junto con el entrenamiento de la selección coreana de Tae Kwon Do. Queda clara la diferencia entre ambas culturas: mientras que en occidente los aspirantes a formar parte de la selección norteamericana se preparan durante su tiempo libre, los orientales llevan toda una vida esperando ese momento.

La película expone con lujo de detalles el proceso selectivo estadounidense, su preparación para llegar en forma al torneo, la convivencia entre los miembros del equipo y el desafío de competir contra deportistas física y mentalmente superiores.

Con un argumento sencillo, Best of the Best es una película netamente deportiva. El entrenador Frank Couzo (James Earl Jones) aporta la dosis justa de disciplina y motivación para un equipo compuesto por personalidades dispares.

“Mi nombre es Frank Couzo. Pero tu puedes llamarme entrenador o Señor Couzo. A partir de mañana serás mío por los próximos tres meses. Eso significa que no habrá mujeres, no habrá alcohol, no habrá drogas. Comerás, dormirás y cagaras competencia.”

 

Frank Couzo

Las diferencias entre la preparación de ambos equipos es evidente. Mientras los estadounidenses parecen principiantes, sus pares coreanos están a punto de alcanzar la perfección. Mientras estos últimos dedican tiempo a meditar entre cascadas naturales, los occidentales experimentan serios problemas de concentración a la hora de detener sus pensamientos.

Por supuesto que esta película norteamericana, para ser completamente efectiva, incluye algunos dramas personales que nos permiten empatizar con los personajes principales. Tommy Lee (Phillip Rhee) tiene un hermano fallecido durante un torneo, peleando justamente contra el rival que, en esta ocasión, él mismo deberá enfrentar. Alex Grady, además de la lesión que amenaza con ponerle fin a su carrera, debe abandonar la concentración debido a un accidente de su hijo y es sancionado con la expulsión del equipo hasta lograr el indulto del entrenador.

En consecuencia, el equipo llega bastante mal preparado al torneo y esa diferencia se hace evidente durante los combates. Las dos primeras peleas son victoria para Corea. La tercera, una sucia batalla protagonizada por Chris Penn, termina en empate. Quizás las más emotiva de todas, la de Eric Roberts, termina en victoria para el norteamericano después de que éste haya estado a punto de abandonar por culpa de su vieja lesión. Pero la última de las peleas, la definitoria, es la mejor.

Tomy Lee Vs. Dae Han

Tomy Lee Vs. Dae Han

Tommy Lee y Dae Han Park (quien enfrentó y mató a su hermano en un torneo anterior) protagonizan una verdadera exhibición marcial. Ambos orientales, aunque uno represente a los Estados Unidos, se lucen como grandes artistas marciales durante los pocos minutos que dura esta sangrienta pelea. Los dos competidores están dispuestos a, literalmente, dejar la vida sobre el tatami.

Finalmente, el norteamericano saca ventaja sobre su rival y llega a los segundos finales con la posibilidad de ganar por nockout. Sin embargo, Dae Han, en un precario estado de salud debido a los golpes recibidos, logra ponerse de pie y permanecer así durante los segundos finales del combate. Tommy Lee se debate entre dar ese último golpe, obtener el título para su país y vengar la muerte de su hermano o perdonar la vida de su rival y perder la pelea. El público permanece expectante, Dae Han Park está dispuesto a morir en ese preciso momento y los miembros del equipo norteamericano, junto con su entrenador, le ruegan a su compatriota que no siga combatiendo. El tiempo se agota, nadie se mueve y Corea se consagra nuevamente campeón.

Es una derrota. Como en la primer película de Rocky, los protagonistas fracasan en su objetivo y son vencidos por un equipo que, en principio, parecía infinitamente superior, aunque la competencia haya dejado en claro que tal diferencia no existía. El espiritu de los norteamericanos logró emparejar la justa deportiva y la piedad y misericordia de Tomy Lee, es la única razón por la que Corea logra retener el título.

El publico lo sabe. También los miembros de la selección coreana quienes, inmediatamente después de la premiación, se acercan a sus contrincantes para cederles la medalla obtenida. La escena es sumamente emotiva. El cansancio y el dolor de todos los competidores se transforma en rostros emocionados que agradecen y reconocen el gesto de quienes, hasta ese momento, fueron sus enemigos y a los cuales el deporte convirtió en hermanos.

“Salvar una vida en la derrota es ganar una victoria y el honor en su interior. Tu hermano también fue un gran luchador. Lamento profundamente su pérdida y me ofrezco como tu hermano.”

 

Dae Han

A pesar de terminar con una derrota la película tiene un final feliz porque el verdadero ganador del torneo es el deporte, el espíritu marcialista que rodea toda la película y en base al cual está construida esta excelente narración. Best of the Best tuvo un relativo éxito en el cine y en las vídeocassetteras del mundo entero. El suficiente como para lograr una secuela que no estuvo a la altura y que convirtió el título en una de tantas películas de acción.

Como muy pocas películas, Best of the Best, representa la esencia del arte marcial, la cual no se manifiesta de tal forma en ninguna otra actividad deportiva. La autosuperación, la disciplina y el entrenamiento, son los pilares básicos de esta disciplina. La solidaridad entre compañeros y el respeto por el rival, son cosas que pueden observarse durante los torneos de cualquier arte marcial.

La película debería ser vista por todos los practicantes de esta noble disciplina. Tanto los que recién se inician como los que llevan años entrenando, ya que en ella se aprecia de manera ejemplar el sacrificio y el esfuerzo que todo marcialista debe hacer para cumplir sus objetivos y como, en ocasiones, a pesar del esfuerzo, a pesar de haber vencido factores externos, de haber superado las propias limitaciones, de alcanzar el máximo potencial, esto puede no ser suficiente. Eso es el deporte. Eso es un arte marcial y todo practicante de esta disciplina debe saberlo.

Por eso, aunque haya mejores, no existe una película que represente mejor lo que significa practicar artes marciales. No existe otra película como Best of the Best.

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