La pluma y la espada

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Nunca lograremos entender lo que pasa por la cabeza de algunas personas. Por más que intentemos ponernos en su lugar y descifrar bajo que parámetros o paradigmas actúa un determinado grupo de personas, nos resultaría imposible llegar a la conclusión de que la consecuencia por haber realizado un dibujo sea la muerte.

Los dibujos “políticamente incorrectos” suelen tener castigos excesivos. Tanto en la escuela, cuando por dibujar un pito sobre el pupitre pueden sancionarte, como en el ámbito laboral, en donde podes quedarte sin trabajo por caricaturizar a tu jefe, nunca se ha logrado que alguien deje de expresarse a través del dibujo. Tampoco ahora.

Si la intención de los terroristas fue aleccionar o castigar a los dibujantes por el trabajo ya realizado, está claro que tuvieron éxito. Si en cambio, su idea fue silenciar y que nunca vuelvan a repetirse caricaturas como esas, el fracaso fue rotundo.

Habían pasado unos pocos minutos desde que se conoció la noticia del atentado a Charlie Hebdo, cuando las primeras viñetas comenzaron a inundar las redes sociales. Cientos de dibujantes de todo el mundo se hicieron eco de lo sucedido en Francia, solidarizándose con sus colegas de la única manera que podían hacerlo: dibujando.

Las viñetas se propagaron por todo el mundo, escritas y dibujadas en todos los idiomas por artistas conocidos y desconocidos que, una vez más, ponían su trazo al servicio de la verdad y de la libertad, provocando que personas que jamás habían escuchado hablar sobre Charlie Hebdo, conocieran la existencia de una revista con ese nombre. Las polémicas caricaturas de Mahoma, publicadas originalmente por esa revista, se replicaron en redes sociales, portales de noticias y medios tradicionales de comunicación, potenciando así el alcance de las mismas.

Es probable que ahora muchos tengan miedo. Que durante algún tiempo piensen dos veces antes de publicar un dibujo. Pero seguro que nunca dejaran de dibujar.

¿Tendrán los extremistas suficientes balas como para matarlos a todos?

Es probable. Pero aunque se crean capaces de controlar a balazos lo que otros hacen, jamás lograran controlar los pensamientos de esas personas. Porque así como es imposible saber que pasa adentro de su cabeza, ellos tampoco pueden saber lo que pasa adentro de la nuestra.

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