La Sangre No Filia – Por Carolina Musri

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Esta frase la tomé de una mediadora en una reciente mediación por régimen de visitas, quien, a pesar de no haber podido ayudarnos a resolver el conflicto de la ex pareja a quien representábamos cada una de las abogadas presentes, si, en cambio, nos dejó, o al menos a mí, una profunda reflexión y un gran mensaje.

 

Como la pareja en conflicto tiene dos hijas adoptadas y ella misma confesó ser hija adoptada, mencionó esta frase que me pareció además de conmovedora, muy certera: “La sangre no filia“. ¿Será así?

¿Cuantas veces vemos casos de padres o madres que no respetan a sus hijos, que no los aman y hasta incluso les hacen daño? Y a la vez cuanto amor, respeto, comprensión y cariño pueden darle a los niños personas que no son sus padres ni parientes ni mantienen con ellos ningún vínculo filial.

Este último tiempo tuve la suerte y el absoluto placer de tener como clientes a dos chicos recientemente casados, padrinos de tres chiquitos de un hogar. Estos tres niños de 7, 9 y 11 años de edad, fueron abandonados por sus padres y por sobré todo víctimas de violencia y maltrato por parte del padre. En un comienzo esta pareja mediante la figura legal del apadrinazgo, contuvo a estos niños, les dio amor, cariño, alimentación, cuidado y por sobré todo les dio la esperanza de tener una familia como la que siempre soñaron. Hoy estamos en proceso de solicitar la adopción en un trámite familymuy demorado por cuestiones burocráticas que no hace más que demorar la agonía en el hogar donde viven, pero con la fiel convicción que pronto podrán estar los cinco juntos, como lo hacen cada fin de semana que pasan con “sus futuros padres adoptivos”; fines de semana donde sonríen, lloran, juegan, se divierten, en fin donde son NIÑOS con mayúsculas, criados en el seno de una familia, como todos los niños y niñas merecen y necesitan.

También tuve la oportunidad de tratar diferentes casos de filiación, los que junto a un nuevo fallo reciente de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, me llevaron a reflexionar acerca de la importancia de lograr la concordancia entre la realidad biológica y el vínculo jurídico emergente de la filiación. Ni más ni menos por el simple y trascendental hecho que en esa concordancia está en juego la identidad de una persona, su ser, su origen, su propia génesis, su procedencia, es decir su pertenencia a determinada familia y, consiguientemente, el hecho de obtener el emplazamiento en el estado de familia que de acuerdo con ese origen biológico le corresponde. Identidad cuyo correlato está en el derecho a la dignidad de la persona, ya que saber acerca de sus orígenes es fundamental para lograr un desarrollo y crecimiento sano sin incertidumbres y fantasmas a fin de construir su propia personalidad.

Por un lado, entrevisté a un papá cuya pareja quedo embarazada en circunstancias en las que ya no convivían y quien a pesar de sus dudas, se hizo cargo de esa niña tanto en lo emocional y en lo económico, como así también en el apoyo y contención a su madre. A fin de efectuar el reconocimiento y realizar legalmente una prueba biológica de ADN para eliminar cualquier duda al respecto, la madre no sólo se negó, amenazando con hacerle juicio sino que solicitó a cambio un monto elevado de dinero para acceder a realizar la prueba junto a su niña. Esta madre ignora no sólo el derecho inalienable y supraconstitucional a la identidad, privando a su hijita de conocer su verdadero origen sino que ignora a su vez que los niños son sujetos de derecho. La amenaza de hacerle juicio se torna inexistente ante la voluntad del supuesto padre biológico a someterse a las pruebas correspondientes. Esta madre olvida, tornándolo evidente con la palmaria extorsión económica efectuada por su letrado vía correo electrónico (increíble pero real), que el derecho es de su hija y que esta madre en ejercicio de su rol materno es la responsable de que se dirima la incertidumbre acerca de su realidad biológica. De esta manera esta niñita que la semana q viene cumple un año, sabrá si este papá, que de hecho hizo de papá, es su verdadero padre o no, pero al menos sabrá quién es y de donde viene.

Por suerte luego de un par de semanas la propia madre me llamo y por encima de su abogado decidió darle a la niña este preciado derecho a conocer su identidad. Ojalá lo concretemos, si esta ex pareja puede dejar de lado sus diferencias sentimentales y velar por el derecho de una niña que goza hoy solamente de filiación materna.

El otro caso, más común tal vez, es el de una madre de un niño depalmas siete años cuyo padre nunca “se animó” a reconocerlo. Supo de su embarazo, de su nacimiento y cada tanto se ha comunicado para saber cómo está su hijo (el parecido físico no deja dudas al respecto) pero siempre alegó no poder asumir una paternidad. Hoy, ante el reclamo de este niño que en breve empezará a transitar la adolescencia, la madre se decidió a iniciar la demanda de filiación. Ojalá no lleguemos a ello y en el transcurso del proceso este supuesto padre pueda reflexionar y evaluar lo que se está perdiendo, pero sobre todo pueda pensar en lo que se está perdiendo su hijo, que no es únicamente el derecho a disfrutar un papa, a jugar con él, a llorar con él, a hacer las tareas, a aprender a crecer, sino el derecho a saber quién es y de donde viene la otra parte de su ser. Conocimiento que es fundamental para construir su personalidad.

Por último relaciono estos casos particulares con un fallo reciente, a mi parecer muy atado a la letra rígida de la ley – que aún no ha recibido reforma- por el cual pareciera concluir que PADRE NO HAY UNO SÓLO. A fin de facilitarles la comprensión del mismo, les cuento que según nuestro código, hoy, una persona que cree es el padre biológico de un niño cuya madre es una mujer casada NO tiene acción para impugnar la paternidad matrimonial (es decir, no puede decir ese hijo no es de tu marido, es mío), ya que la acción es para el marido y para el hijo (quien en su minoría de edad actúa necesariamente con la representación materna y subsidiaria del asesor de menores). Los jueces en mayoría consideraron que el pretendido progenitor carece de acción para reconocer un hijo matrimonial, en tanto la ley es clara al limitar esa legitimación y que “el derecho a la identidad también abarca una faz dinámica que determina una justificación razonable en la investigación de la paternidad.”

En este caso, el joven tiene un padre al que reconoce como tal y cumple sus funciones aunque, dice la Corte de la Provincia de Buenos Aires, conoce cuál es su verdad y los jueces en este sentido deben velar por preservar los vínculos familiares que le brindan actualmente protección y contención. Aunque no coincida con su realidad biológica.

La minoría más abierta consideró que de esta manera se estaría privando a un padre el derecho a reclamar su cualidad de progenitor y por ende, poder vincularse con su hija asumiendo responsablemente su paternidad.

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Y todo esto, que no es más ni menos que la maravilla de la vida que es la procreación, me recuerda a una película muy recomendable que vi recientemente (Una Familia Numerosa – Delivery Man – 2013) donde un solterón de cuarenta y pico de años, descubre que al haber donado semen (en innumerables oportunidades) en la época de su juventud, es ahora padre biológico de más de 533 niños. Una Familia Numerosa parecería una comedia boba pero no lo es. Todo lo contrario. Estos cientos de adolescentes que reclaman sobre la identidad del donante cuestionan la legalidad del convenio de confidencialidad que firman todos los donantes de esperma. Hay una colisión entre el derecho humano básico a saber quién es su padre y el derecho a la privacidad del donante concluyendo que este derecho es secundario primando el otro.

Los abogados defensores del donante resaltan la importancia de la firma de los convenios de confidencialidad, pregonando un futuro de batallas por la custodia, madres yendo a la puerta de los donantes, intromisiones en familias felices, donantes solicitando régimen de visitas y queriendo participar en las decisiones importantes de educación y religión, por ejemplo.

La única manera de hace caer estos convenios es a través de la cláusula de constitucionalidad, pero por otro lado, sin ella, ninguno de esos niños hubiera nacido. ¿Eso no les da derecho a saber quiénes son?

Vince Vaughn in the Delivery ManDefinitivamente, Una Familia Numerosa es una película muy particular, que trabaja bien aquello que uno podría pensar que va a estar mal de antemano y que se confunde cuando tiene que redondear su mirada sobre la paternidad. En primera instancia, esta comedia dramática del canadiense Ken Scott tiene una premisa fuerte, de esas que pueden salir para cualquier lado (hasta despistarse) pero que logra trascenderse a sí misma, para convertirse en un acercamiento interesante sobre las necesidades de una persona que nació a partir de la inseminación artificial de un donante de esperma. La película irá indagando progresivamente terrenos más dramáticos que cómicos a partir del conflicto central: un hombre que donó esperma casi 700 veces, que de ese esperma salieron 533 hijos y ahora un centenar y medio reclaman saber quién fue ese tipo que hizo las donaciones bajo el apodo de “Starbuck”.

Una Familia Numerosa transita también el acercamiento de un solterón-cuarentón cuasi adolescente a la paternidad, ya que acercarse a cada uno de estos chicos pondrá al protagonista contra las cuerdas y lo hará recapacitar sobre qué significa y requiere ser padre.

Para finalizar esta ya extensa reflexión acerca de la filiación les cuento que recientemente, un juez de Brasil, del Estado de Río Grande do Sul, pasara a la historia por sentar un precedente al aceptar el pedido de una “Nueva familia” de dos mujeres, de anotar a una beba reflejando su historia. La pequeña lleva el apellido de su madre, de su pareja y de su padre biológico, quien resultó ser un amigo que les donó el esperma para la fecundación. En su partida de nacimiento y ficha filiatoria tiene coherentemente, seis abuelos.

La corte suprema de justicia de la nación ha señalado que las normas vigentes imponen que en toda decisión de autoridad administrativa o judicial en asuntos concernientes a los niños, debe darse atención principal a su superior interés, destacando que la “verdad biológica” no es un valor absoluto cuando se relaciona con el interés superior del niño, pues la identidad filiatoria que se gesta a través de vínculos creados por la adopción es también un dato con contenido axiológico que debe ser alentado por el derecho como tutela del interés superior del niño (CSJN, 2/8/2005¡ s,c, s/ adopción fallo 328:2870).

La sangre en general filia pero cuando no, hay miles de alternativas y oportunidades de darle una familia a niños abandonados, maltratados o no queridos por sus padres. Cada familia crea su mundo y en esa singularidad está la diferencia y el sentido de la vida.

Carolina Musri es abogada recibida en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y tiene un Posgrado en la Carrera de Especialización en Derecho de Familia. Desde su página de Facebook, Carolina comparte experiencias y reflexiones que atraviesa diariamente en su jornada laboral, al ejercer, tal vez, una de las especializaciones más duras del derecho: El Derecho de Familia

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