Mi historia con Prince

Batman Prince 1989

Así lo conocí yo: era 1989, Tim Burton estrenaba su versión de Batman y yo vivía mi primer gran romance con el Hombre Murciélago. Las cadenas de videoclips, que por aquellos años todavía pasaban video clips, tenían en alta rotación el tema principal de la banda sonora de la nueva película del encapotado.

En ese vídeo, muchas señoritas con máscaras de Batman (o de Batichica) y varios chicos vestidos de Guasón, realizaban una coreografía siguiendo el hipnótico ritmo de una canción cuyo género me costaba distinguir. En medio de ellas, una mezcla de Joker y Murciélago se adueñaba de la escena. Mi tía Analía, primer referente musical de mi vida, fue quien me dijo que a ese muchacho se lo conocía como Prince. Esa fue la primera vez que escuché hablar de él y ya nunca más dejé de hacerlo.

Lo más doloroso de la muerte de un músico (o de un artista) que aún tiene mucho para dar, son todas esas canciones que jamás vamos a escuchar. Vaya uno a saber en qué demonios estarían trabajando Cerati, Bowie o Prince cuando les llegó la hora de pasar al siguiente nivel. No me puedo imaginar el listado de canciones inconclusas que habrán quedado perdidas entre sus cosas y aunque en un futuro no falté el oportunista que, como ya hicieron con Freddie Mercury, Kurt Kobain y el mismo Michael Jackson, publique alguna que otra melodía compuesta por el artista fallecido y nos cuente la historia de que estaba casi terminada, nunca sabremos verdaderamente si lo que escuchamos es lo que el músico en cuestión hubiera querido regalarnos.

Lo bueno de la muerte de estos músicos, suponiendo que todo esto tenga algo de bueno, es que la repercusión de la noticia permita que su música se difunda un poco más y que llegue a oidos de personas que aún no lo hayan descubierto.

“¿Quién es Prince?” me preguntó mi hijo de doce, con quien hace tiempo que mantenemos largas conversaciones musicales y me hizo dar cuenta de que, en esas charlas, omití una parte fundamental de la historia de la música. Ese maravilloso período, en el que un prodigioso guitarrista, con una gran habilidad para componer hermosas canciones, se paró entre el rock y el pop, para coquetear un poco con la música electrónica, con pasos de baile parecidos a los de Michael Jackson y acordes de guitarra que recuerdan a Jimmy Hendrix, dejó su sello eterno en la música mundial.

Así fue como conocí a Prince.

Esta es la canción por la que conocí a Prince.

Y esta es mi canción favorita. No es la mejor, pero es la que más me gusta.

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