Negarse a crecer

The Force Awakens

Es medianoche. Hay fila en el cine. Un nerd se encuentra con otro y ambos se ríen porque llevan puesta la misma remera: “Dos boludos” le dice uno al otro. Un nene ingresa a la sala vestido de Kylo Ren pero se avergüenza cuando nota que es el único que está disfrazado. Para ayudarlo a tomar coraje, su padre avanza desde atrás vestido de Trooper y todos los aplaudimos. Somos muchos los que desearíamos haber ido disfrazados de nuestro personaje favorito. Otro niño, sentado a mis espaldas, porta un lightsaber que no se anima a encenderlo.

Estas escenas suceden en una de las tantas salas en donde se proyecta por primera vez The Force Awakens, la séptima entrega de la saga Star Wars y todos sabemos que se repiten en cada uno de los cines en los que se estrena la película.

Pasaron apenas cinco minutos de las doce de la noche. Después de haber esperado tres años desde el anuncio, un año desde el primer trailer y casi dos meses desde que las entradas se pusieron a la venta, las luces se apagan y por primera vez sin el logo de Fox como predecesor, la eterna imagen de Lucas Film se proyecta sobre la pantalla. La magia comienza.

El scroll de letras blancas con música de John Williams. El nombre de Luke Skywalker como apertura de dicho scroll. El suave movimiento hacia abajo de la cámara una vez que la última línea de letras termina de esfumarse. Una sinfonía perfecta que venimos presenciando desde que eramos niños. Aún lo somos.

Son tres o cuatro generaciones las que conviven en el cine. Están los de más de cuarenta. Nosotros, los que tenemos más de treinta. Aquellos que ya pasaron los veinte y, claro, niños. ¿Por qué un grupo de niños y adolescentes se convierten en fanáticos de una saga cuya primer película se estrenó en 1977? Por nosotros. Por los adultos que nos negamos a crecer.

Adentro del cine todo es fantasía. Hay suspiros, risas y gestos de dolor durante el momento más duro de la película. Hay admiración y odio para con el nuevo villano y emoción en el final. Cuando la pantalla se funde a negro, la concurrencia estalla en aplausos y nadie se siente incómodo de hacerlo.

Ni bien los créditos comienzan a desplazarse por la pantalla, la mayoría de los presentes nos levantamos para salir rápido del cine. No esperamos ninguna escena post créditos. No porque sepamos que esta película no tiene una, sino porque no es el estilo de la saga. Salimos apurados del cine, es tarde y mañana temprano tenemos que volver a ser adultos.

Trabajo, estudio y otros quehaceres ocuparan nuestro tiempo físico y mental. Será momento entonces de volcarnos a charlas entre amigos, a debates en foros especializados, a compartir sensaciones en las redes sociales, a esperar el torrent para volver a verla o a pagar la entrada nuevamente para tener una visión más objetiva del episodio, porque lo importante es no pensar en otra cosa; seguir hablando y reflexionando sobre lo mismo durante la mayor cantidad de tiempo posible; esperar el estreno del próximo año con la misma expectativa que esperamos este e informarnos de cada estúpido detalle que la producción de la franquicia este dispuesta a develarnos con tal de mantenernos así, como a ellos les gusta, con la misma ilusión que cuando eramos chicos. La misma ilusión que nosotros nos negamos a perder.

Star Wars Fans

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