Una Noche en Montreal

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Mi hijo de diez años escucha música de manera compulsiva. Muy parecido a como yo lo hacía cuando tenía quince o dieciséis. Descubre una canción que le gusta, se interesa por la banda, recorre su discografía, su historia y busca sus vídeos y conciertos en internet. En mi época teníamos que comprar revistas y discos completos para terminar de conocer alguna banda que parecía buena. Él, en cambio, tiene todo a distancia de un click.

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Así fue como, sin la  influencia de ninguno de los adultos de su entorno, mi hijo se encontró con alguna canción de Queen y descubrió que era una banda a la que valía la pena dedicarle algunas horas de exploración. Queen había entrado en mi vida cuando, luego de la muerte de Freddie Mercury, realizaron ese impresionante tributo en el viejo estadio de Wembley, y si bien  nunca fue una de mis bandas de cabecera, siempre escuché su música con atención y admirando el carisma de sus cuatros miembros.

Casi en el mismo momento en el que mi hijo entraba al universo musical de Queen, en los medios comenzaban a promocionar el inminente estreno en cines del concierto que la banda inglesa dio en Montreal en 1981, de modo que no dudamos ni un segundo en sacar la entrada para disfrutar dicha proyección.

Allí fuimos durante la trasnoche del 29 de noviembre, en una sala del Abasto ocupada en un 75 por ciento, con mayoría de público adulto y de edad avanzada. Supongo que un promedio de cincuenta años, como los dos hombres sentados a un par de lugares de donde nosotros estábamos, que expresaban su nostalgia en cada canción.

Ver un concierto en el cine te transporta. En cierto modo, te ayuda a sentirte en ese momento y en ese lugar. No es raro que durante el recital, el público aplauda y cante, como si estuviera de pie en el campo de juego. Sintiéndonos en  Montreal durante algo más de una hora y media, lo primero que nos llamó la atención fue la primer escena del film: una toma general del estadio con las luces apagadas, sobre el cual miles de manos se levantan enseñando la llama de un encendedor. Sorprende la ausencia de pantallas de celulares y tablets que en los conciertos actuales, forman esa constelación de luces leds, tan emocionantes. Queda claro entonces, que además de viajar al viejo continente, también estaremos viajando en el tiempo.

Queen-Montreal-We-will-rock-youEl concierto comienza con una rockerísima versión de We Will Rock You, irreconocible para los que no somos expertos en la banda, pero que deja en claro lo que Queen transmitía sobre el escenario. Sin demagogia, sin sobreactuación, sin que ningun miembro de la banda pretenda ser más que otro, los cuatro integrantes despliegan virtuosismo, carisma y energía a lo largo de todo el show.

Mientras la película se proyectaba y sacudíamos nuestra cabeza al ritmo de la música, reflexioné sobre el hecho de nunca haber visto un concierto completo de esta banda. Si había visto canciones sueltas de importantes recitales y muchos de sus videoclips, pero nunca un show completo; y haberlo hecho de una vez por todas, me ayudó a comprender una vez más porque Queen es y será una de las bandas más grandes de la historia. Quizás, además, la primer banda considerada “de estadios”.

Más allá de su aporte músical, la innumerable cantidad de canciones que se convirtieron en hits y que aún hoy siguen sonando en radios, los solos de guitarra de Brian May y el aporte vocal de sus cuatro miembros, Queen era una verdadera orquesta sobre el escenario. Sonaba potente cuando tenía que hacerlo, sonaba ajustada en las canciones melódicas y Freddie era un auténtico showman, de esos que ya quedan pocos.

Movimientos anárquicos pero tan particulares, tan suyos, que Freddie Mercurycualquiera podría identificarlo aunque solo viera su silueta moviéndose así. Corriendo desde el centro del escenario hacia el piano, siempre llevando ese medio pie de micrófono a todos lado, arengando a la gente con ese puño cerrado en las notas altas y exhibiendo su enorme capacidad vocal.

En la mitad del show, conmovido por lo que estaba viendo y escuchando, me vi en la obligación de pedirle a mi hijo que observara algo: sobre el escenario había cuatro músicos, iluminados por una serie de luces de colores que imagino, en 1981, serían bastante modernas y una clásica maquina de humo para resaltar las mismas. Le dije que prestara atención a la falta de pantallas led o de otro tipo, no había efectos de luces, no había sintetizadores, ni músicos de soporte por detrás. Lo que veíamos, lo que escuchábamos y lo que sentíamos, era producto de lo que hacían esos cuatro músicos que desde arriba del escenario, interpretaban las canciones con todo su ser.

Luces

La proyección está centrada principalmente en ellos cuatro, en la banda. Se pueden ver sus movimientos, sus expresiones y la interacción entre ellos. Prácticamente no hay imágenes del público y las pocas veces en que  podemos verlos, nos damos cuenta de que no estamos en Sudamérica. El público es frío. A pesar de la energía que emanan los cuatro de arriba, los asistentes mirán el show sentados en su butacas y muchos de ellos, ni siquiera mueven la cabeza al ritmo de la música.

La situación en el cine es completamente diferente. Algunos cantan, todos nos movemos. Uno le pide a otro que no cante tan alto, porque pagó para escucharlo cantar a Freddie y no a él. Otro les chista de manera grosera para que ambos guarden silencio. La música suena bastante más baja que cuando pasan una película de Los imageVengadores. Un desacierto del sonidista que no permite que el público termine de vincularse con lo que pasa en la pantalla. A pesar de ello, en el final del show, cuando la batería de Roger Taylor comienza a interpretar la versión clásica de We Will Rock You, tímidamente suenan las primeras palmas de la noche. Lo mismo sucede en Montreal, cuando el público finalmente se deja llevar cantando esa canción, quizás sabiendo que la jornada está llegando a su fin.

El show termina con We Are The Champions. La versión emociona y salimos del cine agradecidos por, a pesar de habernos perdido de ver a Queen en vivo por cuestiones generacionales, hayamos disfrutado de la oportunidad de apreciar, al menos en parte, la magnitud de lo que ésta banda representaba para la época. Es sabido que muchas de sus canciones se cantan aún hoy como si fueran actuales, pero aquello que ellos hacían sobre el escenario, marcó lo que durante los años siguientes, serían las presentaciones en vivo de los grandes interpretes del rock internacional.
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Antes de salir y a pesar de la lluvia que cae violentamente sobre la ciudad de Buenos Aires, demoro unos minutos para eternizar el momento y tomarle una foto a mi hijo, al lado del afiche promocional de la película. Mientras lo hago, otro padre espera para hacer lo mismo con su hija que aún no ha entrado en la adolescencia. Cruzamos una mirada cómplice. Nos sentimos conformes con lo que logramos transmitirle a nuestros hijos, si estos, además de escuchar la música de su generación, logran apreciar el legado que dejaron bandas como estas, a punto tal de sacarse una foto para Facebook, utilizando un teléfono de esos que, como si ya no hubiera encendedores, se encienden sobre el campo de juego cada vez que las luces del estadio se apagan.

Leandro Menéndez (@ajenoaltiempo)

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